Cuando tenía cuatro años tuve una visión en Forest Park, Saint Louis. Mi hermano iba delante de mí con un fusil de caza. Yo me había quedado rezagado y vi un pequeño ciervo verde más o menos del tamaño de un gato. Con claridad y precisión a la luz del sol de última hora de la tarde como si lo estuviera viendo a través de un telescopio.
Más tarde, cuando estudié antropología en Harvard, aprendí que se trataba del avistamiento de un tótem animal y supe que nunca podría matar un ciervo. Más tarde aún, en el transcurso de unos experimentos filmicos con Anthony Balch en Londres, reconocí la extraña sustancia utilizada para la conservación de especímenes animales en la que flota el ciervo verde como sujeto de experimentación (en comparación) inmóvil proyectado a cámara lenta. Trucos de viejo fotógrafo.
WILLIAM BURROUGHS, Gato encerrado
Recent Comments