Tag Archives: Madrid Centro

Policías-barrenderos

Dos barrenderos impiden que un hombre apuñale a su ex pareja hasta la muerte en Badajoz

Leo este titular en las noticias y me acuerdo del episodio de Seinfeld del restaurante chino, en el que en una conversacion sobre cosas cotidianas (como siempre), Jerry le dice algo más o menos así a George: “Nunca se podrá acabar con el crimen. Al menos deberíamos estar limpios. Siempre veo policías por ahí sin hacer nada, deberían hacerlo un solo empleo: policía-barrendero. Siempre veo policías por ahí sin hacer nada. Que cojan una escoba y se pongan a barrer. Atrapas a un criminal, y a barrer de nuevo!”. Y es que anoche cuando bajé con el coche a lo largo de Bravo Murillo desde Plaza Castilla hasta Cuatro Caminos, todos los barrenderos que ví -un grupo de unos siete, un grupo de tres y dos parejas- estaban sentados sin hacer nada. Pero claro, eso es lo que parecía… porque el futuro ya está aquí y ambas profesiones se han fusionado. En realidad estaban vigilando!

Oh el centro

Vivir en el centro equivale a hiperestimulación. A través de la ventana que tengo que dejar abierta en verano para que corra el aire, sin solicitarlo ni poderlo impedir estoy interconectado con un montón de gente en movimiento y sus actividades, a todas horas. De día son las oficinas, los camiones de reparto para hostelería, sirenas, gente de compras, menú del día en el bar, furgonetas reponiendo toallas y sábanas de los hoteles, agentes de movilidad, controles policiales, los turistas en esa especie de híbrido entre moto con sidecar y coche de juguete con su guía en audio de la ciudad y el GPS a un volumen atronador. De noche es sobre todo la fiesta, gente de un garito a otro, sirenas, gente buscando otro garito, gente buscando un taxi, más sirenas, gente que se desahoga, gente de camino al metro cuando por fin abre, más controles policiales, gente que canta, gente que llora, alguna pelea. Coches con la música a todo volumen, para eso da absolutamente igual la hora que sea.

Eventos. El año pasado fué el mundial, fiesta, vuvuzuelas y gritos y más gritos toda la noche en cuartos, semifinal, no te digo ya el día de la final, petardazos y descontrol. Al día siguiente encontré un petardo en mi balcón que no había llegado a estallar. Manifestaciones o los gritos de enfado de la multitud. Rabia, gritos, pitos, bocinazos, megáfonos. Indignados. El helicóptero de la policía por la noche, esto parece Los Ángeles. Fiestas de Chueca, o cómo de repente verte metido en una rave a las ocho de la tarde. No tengo que salir de casa para estar en la fiesta. Ahora está terminando la JMJ. Han sido cinco días de cánticos y procesiones con tambores y trompetas, el viernes hasta las tres de la noche, desde aquí sonaba muy épico. Mareas humanas. Y otra vez el helicóptero por las noches.

¿Y los olores? El vado de carga justo debajo de la ventana, algunas mañanas entre sueños, por el vado de carga y descarga y los camiones que no apagan el motor, no tengo claro si estoy en mi cama o esperando un autobús en las dársenas del intercambiador de Avenida de América. A veces es divertido estar delante del ordenador y por dos segundos oler el perfume de alguien que pasa. Y no se que pasa con la campana de extracción del restaurante, porque a veces huele a alioli, a veces a churrasco; hoy olía a arroz. Ahora, el camión de limpieza del ayuntamiento, el modelo que pasa todos las madrugadas rebasando la barrera de los 75db con su manguera a presión, ha incorporado una buena proporción de desinfectante a su depósito. Son las 7am y huele toda la habitación a jabón.

Sobre la manifestación del 17A y los enfrentamientos

Yo tampoco quiero pagar con mis impuestos la JMJ ni el abono de transporte de los asistentes (cuando encima son los políticos los que nos han metido en la crisis, no tenemos ni para pagarnos el metrobús y ahora lo vuelven a subir), pero no mezclemos churros con merinas: una cosa es bajar a la calle a manifestarte, a protestar y otra muy distinta es bajar a la calle desfogarse, burlarse, esparcir su mala leche o provocar. No me representa ninguno de los que llaman nazi a Raztinger, ni de los que llaman ignorantes a los católicos, ni los disfrazados de demonios y similares. Lo que he visto principalmente es a muchos sembradores de discdoria. Por favor, ¿quién quiere más a estas alturas?

Me viene a la cabeza esta historia de Jarvis Jay Masters que Pema Chödrön cuenta en el libro Los lugares que te asustan.

Una noche mientras [Jarvis] estaba sentado en la cama leyendo, su vecino Omar le gritó: «Eh, Jarvis, pon el canal siete». Jarvis lo puso quitando el sonido. Al mirar las imágenes que aparecían en la pantalla vio una muchedumbre enfurecida agitando los brazos. Preguntó a su vecino: «¿Eh, Omar, qué ocurre?». Y éste le contestó: «Es el Ku Kux Klan, Jarvis, están chillando y gritando que los negros y los judíos tienen la culpa de todo.»
Unos minutos después Omar gritó: «Eh, mira lo que sale ahora por la tele». Jarvis miró la pantalla y vio a una multitud manifestándose que agitaba pancartas, mientras algunas personas eran detenidas por la policía. Dijo: «Sólo con verlos adivino que están enfadados por algo. ¿Pero por qué gritan?». Omar le contestó: «Jarvis, es una manifestación de ecologistas. Están pidiendo que cesen la tala de los bosques, las matanzas de las focas y todo lo demás. ¡Fíjate en esa mujer que protesta furiosamente con el micrófono y toda esa gente gritando!».
Al cabo de diez minutos Omar volvió a llamarle: «¡Eh, Jarvis! ¿Aún estás mirando la tele? ¿Ves lo que sale ahora?». Jarvis levantó los ojos y esta vez vio a mucha gente trajeada con una expresión de estar furiosa por algo. Preguntó: «¿Qué les ocurre a esos tipos?». Y Omar le respondió: «Jarvis, son el presidente y los senadores de estados Unidos que se están peleando y discutiendo delante de las cámaras de la televisión nacional, cada uno intenta convencer al público de que el otro tiene la culpa de la terrible situación económica existente».
Jarvis respondió: «Bueno, Omar, de lo que sí estoy seguro es de que esta noche he aprendido algo interesante. Aunque vistan como el Ku Kux Klan, como los ecologistas o con sus caros trajes, todas esas personas tienen la misma expresión furiosa en sus rostros.»

Y ojo, que si alguien tiene motivos extra para quejarse de la JMJ soy yo que vivo en el centro, a escasos metros de Cibeles, y para no asfixiarme de calor tengo que tener la ventana abierta; llevo dos días -y lo que me queda- oyendo como si estuvieran en mi casa a los peregrinos con sus cánticos y bocinazos de 70db mientras disfrutan de mis impuestos y cortan mi calle. Y enfadado estoy, os lo digo. Pero prefiero aprovechar para intentar ser un poco más paciente que ayer, creo que es de lo poco útil para mí y para los demás que puedo hacer en esta situación. No soy quien ni soy mejor que nadie para ponerme a gritarle a otra persona ni para juzgarla, ni a ella ni a sus ideas.

Martes 5am

Una noche de un martes cualquiera en mi calle a las 5am: oigo como un chaval mayor o un hombre joven rompe a llantos, llantos de cuando nada puede ir peor. En verano tengo siempre la ventana abierta para sobrevivir al calor y puedo oirle como si estuviera aquí mismo. Imposible permanecer como si no pasara nada, lo mínimo es asomarme y ver qué está pasando. El tío viene de la perpendicular y aparece enfrente de mi ventana. Pronto se suman una chica, factor clave en el estado emocional del tipo, aunque a ella parece no importarle lo más mínimo, una señora de cuarenta años que aparentando preocuparse por el chico intenta robarle la cartera, un tercer amigo que los alcanza, se percata y echa a la señora casi a empujones y cuatro chavales que tenían el coche aparcado aquí abajo, no se han comido un rosco en toda la noche y lo único que quieren es aprovecharse, como puedan, de que la chica está algo cocida. La escena se prolonga quince minutos, el chico se va llorando y el amigo intenta tranquilizarle, los cuatro buitres rodean a la chica, vuelve el tercer amigo, llama al chico para que vuelva, los buitres se alejan, intenta reconciliar con poco éxito, el chico se va, el amigo se marcha, vuelven rápido los buitres, vuelve el amigo, los buitres desisten y se montan en el coche y al final todos se dispersan.

Espero que hoy hayan tenido todos un día mejor que el de ayer.