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Las buenas noticias

Las buenas noticias

Ellos no publican
las buenas noticias.
Las buenas noticias las publicamos nosotros.
Tenemos una edición especial a cada instante,
y necesitamos leértelas.
Las buenas noticias son que estás vivo,
y el tilo sigue ahí,
alzándose firme en el duro invierno.
Las buenas noticias son que tienes unos ojos maravillosos
para acariciar el cielo azul.
Las buenas noticias son que tu hijo está ante ti
y que tus brazos están abiertos:
abrazar es posible.
Sólo publican lo que está mal.
Mira cada una de nuestras ediciones especiales.
Siempre ofrecemos las cosas que no van mal.
Queremos que te aproveches de ellas y nos ayudes a protegerlas.
El diente de león está ahí al borde del camino,
sonriendo con su sonrisa maravillosa,
cantando la canción de la eternidad.
¡Escucha
tienes oídos que pueden escucharla!
Inclina la cabeza.
Escúchala.
Deja atrás el mundo del dolor y de la preocupación
y libérate.
La última buena noticia
es que puedes hacerlo.

Thich Nhat Hanh, Llamadme por mis verdaderos nombres

LA HISTORIA DE UN CABRONAZO DE LO MÁS DURO

entró por la puerta una noche, mojado flaco hecho polvo y
aterrado
un gato blanco bizco y sin rabo
lo recogí y lo alimenté y se quedó,
aprendió a confiar en mí hasta que un amigo enfiló el sendero de entrada
y lo atropelló.
llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo: «no hay
muchas probabilidades… dele estas pastillas… tiene la columna
machacada, pero ya la tenía machacada y enmendada
en cierta medida, si sobrevive no volverá a andar, fíjese
en estas radiografías, le dispararon, fíjese, los perdigones
siguen ahí… además, antes tenía rabo, alguien
se lo cortó…»

me llevé al gato, era un verano caluroso, uno de los
más calurosos en décadas, lo dejé en el suelo
del baño, le di agua y pastillas, no comía, no
quería ni tocar el agua, me mojé el dedo
y le humedecí la boca y le hablé
y lo toqué suavemente y él me miró
con esos ojos bizcos azul pálido y a medida que pasaban
los días se movió por primera vez
arrastrándose con las patas delanteras
(las de atrás no funcionaban)
llegó hasta la bandeja de arena
trepó y se metió,
fue como si la trompeta de la victoria posible
resonara en aquel baño y por toda la ciudad, yo
me identificaba con ese gato: lo había pasado mal, no tan
mal, pero si bastante chungo…

-puedes hacerlo -le dije.

siguió intentándolo, se levantaba y se caía, al cabo
dio uno unos pocos pasos, estaba como borracho, las
patas de atrás sencillamente no querían responder y volvió a caerse, descansó.
luego se levantó.

el resto ya lo sabes: ahora está mejor que nunca, bizco,
casi desdentado, pero la elegancia ha vuelto, y esa mirada
en sus ojos nunca lo abandonó…

y ahora a veces me hacen entrevistas, quieren que les hable de la
vida y la literatura y yo me emborracho, cojo a mi gato bizco,
perdigoneado, atropellado y sin rabo y digo: -¡mira,
fíjate!

pero no lo entienden, dicen algo como: -¿dice usted
que lo influenció Céline?
-no -levanto el gato-, me influencia lo que ocurre,
cosas como esto, como esto, ¡como esto!

agito el gato, lo levanto a la
luz ebria y humeante, está tranquilo, lo sabe…

es entonces cuando acaba la entrevista
aunque a veces me enorgullezco al ver las fotografías
más tarde: ahí estoy y ahí está el gato y nos han fotografiado juntos.

él también sabe que es una chorrada pero que en cierta manera todo contribuye.

CHARLES BUKOWSKI, Guerra sin cesar (Poemas 1981-1984), Colección Visor de Poesía

Jonathan Ott y los enteógenos

De todos modos, vale la pena apuntar que hay una profunda diferencia entre tener experiencias espirituales y alcanzar la vida espiritual. Aunque un enteógeno pueda permitirle a uno echar un vistazo rápido a la tierra prometida, por así decirlo, la vida espiritual a la que se cabe aspirar continúa tan distante de la realidad cotidiana como siempre; sigue requiriendo disciplina, sacrificio y sometimiento de la mente caprichosa y el ego despótico. (…) Los enteógenos pueden proporcionar una revelación más o menos fácil y comparativamente rápida, de lo que podría ser la iluminación, y servir, por tanto, como estímulo o incentivo para buscarla o perseguirla; pero quien los considere un atajo en el terreno espiritual es un iluso, o está mal informado.

Jonathan Ott en “Pharmacophilia, o los paraísos naturales” (vía Mierda Paradójika)

COMO UN RÍO CONTAMINADO QUE FLUYE

COMO UN RÍO CONTAMINADO QUE FLUYE

las autopistas son un entramado
psicológico de
almas pervertidas,
flores que agonizan en la hora agonizante
del día que agoniza.

coches viejos, conductores jóvenes,
nuevos modelos conducidos por
hombres entrados en años, conducidos por
conductores sin carné, por conductores
borrachos, por conductores drogados,
por conductores suicidas, por conductores
superprecavidos (los peores).

conductores con mente de camello,
conductores que se mean en el asiento,
conductores con ganas de matar,
conductores que se pirran por apostar,
conductores que culpan a todos los demás,
conductores que odian a todo el mundo,
conductores que llevan armas.

conductores que no saben
para qué es el
retrovisor,
para qué son los intermitentes,
conductores que conducen sin frenos,
conductores que conducen con las ruedas gastadas.

conductores que conducen despacio por el carril rápido,
conductores que odian a sus esposas o sus maridos,
y quieren hacerte pagar por ello.
conductores en paro, cabreados.
todos ellos representan a
la humanidad en general, furiosos por completo, dementes,
vengativos, rencorosos, moradores baratos de nuestra cultura, carroñeros,
chacales, tiburones, pececillos, rayas, piojos…

todos en la autopista a tu lado
pegados a tu parachoques,
te cortan el paso,
se engañan a sí mismos,
te miran desdeñonosos,
con la peor música jamás compuesta en su radio,
el depósito de gasolina casi vacío,
el motor sobrecalentado,
pensando en la siguiente colina,
no saben conducir,
ni vivir,
saben menos que un caracol camino de su casa.

son lo que ves todos los días
yendo de ninguna parte a ninguna parte,
eligen presidentes, procrean, decoran sus
árboles de Navidad.
lo que ves en la autopista es justo lo que hay,
un cortejo fúnebre de los muertos,
el mayor horror de nuestra época en movimiento.

¡nos vemos allí mañana!

CHARLES BUKOWSKI, Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta

La práctica del bodisatva

Toda la felicidad de este mundo
viene de desear la felicidad para los demás.
Todo el sufrimiento de este mundo
viene de desear la propia felicidad.

SHANTIDEVA, La práctica del bodisatva (cap. VIII, 129)

No es que sea clarividente pero…

NO ES QUE SEA CLARIVIDENTE PERO…

uno de los problemas es
que cuando la mayoría de la gente
se sienta a escribir un poema
piensa:
“ahora voy a escribir un
poema”
y entonces
se ponen a escribir un poema
que
suena como un poema
o la idea que tienen de
cómo debería sonar un poema.

ése es uno de sus
problemas.
como es natural, hay otros
problemas:
esos escritores de poemas
que suenan como poemas
se creen en la obligación
de ir por ahí
leyéndoselos
a otros.

eso, según dicen, se hace
por el prestigio y el reconocimiento
(tienen buen cuidado
de no mencionar
la vanidad
ni la necesidad de obtener la
instantánea aprobación
de un público
escaso y confuso).

los mejores poemas,
me parece a mí,
se escriben por
una necesidad
fundamental.
y una vez está escrito
el poema,
la única necesidad
después de eso
es escribir otro.

y el silencio
de la página escrita
es la
mejor respuesta
a un trabajo
terminado.

hace décadas
advertí una vez
a unos amigos míos
poetas
acerca de la naturaleza
masturbatoria de los recitales
celebrados únicamente
en busca del aplauso de
un puñado de
idiotas.

-aíslate y
haz tu trabajo, y si
debes mezclarte, mézclate
con aquellos que
no tienen el menor interés
en lo que tú consideras
tan importante.

una ira tal,
una respuesta tan
farisaica
me dispensaron entonces
mis amigos poetas
que tuve la impresión
de que había demostrado
exactamente que
estaba en lo cierto.

después,
todos nos
distanciamos.

y eso solucionó sólo
uno de mis
problemas
y supongo
que sólo uno de
los suyos.

CHARLES BUKOWSKI, Adelante!

Albert Hoffman a los jóvenes

(de una entrevista realizada por Josep Mª Fericgla en 1997)

J.Mª F.: Dada la enormidad de tus experiencias personales y del importante papel que has jugado en la cultura actual ¿qué recomendarías a los jóvenes, en general?

A.H.: En el prólogo de mi libro sobre la LSD describí una visión de una experiencia que tuve siendo niño y que se repitió bajo los efectos de la LSD. Esto significa que podemos tener experiencias visionarias espontáneas, son naturales. La posibilidad está en el interior del ser humano aunque estas substancias ayuden a provocarlo. Por eso, al principio me sorprendió que uno pueda provocarse estas experiencias con substancias químicas. Pero yo les diría a los jóvenes: intentad abrir los ojos, intentad mirar ¡sólo mirar!. Hay quien dice que es peligroso, pero es porque miran y piensan con palabras. Y lo importante es ver sin pensar, para poder pensar después ¡Ver y pensar! no se pueden hacer ambas cosas a la vez. En la entrada a una vieja ciudad suiza está escrito: Abra los ojos, significa que intentes ver lo que es de verdad y no pienses en que esto es el cielo, o un árbol o una nube. No. Mira el árbol sin pensar. Mira todas las cosas vivas que no están hechas por el ser humano. Sólo míralas, eso es lo que digo a la gente joven. Después, y si uno quiere por supuesto, puede provocarse las imágenes con la ayuda de substancias, pero antes hay que mirar. Tuve una discusión con Leary porque daba enteógenos a los jóvenes y yo les decía que antes de intentar ver más, simplemente tenían que ver. No hay que trastornarlos con demasiados pensamientos. Es importante que los jóvenes salgan a los bosques, a la Naturaleza… ¡y miren! Eso es lo que deberíamos enseñar en las escuelas, además de pensar y nombrar. Uno termina pensando en los nombres de las cosas y no en las cosas de verdad.

Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas tranquilizan, y ésta es una de sus principales indicaciones, pero no son recomendables por sus efectos adversos. En lo que respecta a lo cognitivo, sus propiedades anticolinérgicas pueden producir una progresiva dificultad para recordar. Sus fabricantes y defensores afirman que tranquilizan sin causar trastornos del estado de ánimo ni de las facultades intelectuales, algo a todas luces falso. Es cierto que sus efectos secundarios son menores que los de otros tranquilizantes, pero aturden, embotan el cerebro y dificultan el habla y la capacidad de coordinación, entre otros problemas.
Las personas poco acostumbradas experimentan al tomarlas una paz mental y corporal desconocida, y sobre todo un sentimiento de indiferencia ante lo que la rodea. Personalmente, las primeras veces que las usé noté que todo me daba igual, que habían desaparecido mi ansiedad y preocupaciones cotidianas, dentro de un estado similar a la ataraxia, la ausencia de dolor en el cuerpo y de perturbación en la mente preconizada por los filósofos epicúreos, o a lo que sentían los personajes del Mundo feliz de Aldous Huxley tras tomar el soma, la píldora que les permitía evadirse.
Las benzodiacepinas son drogas de apaciguamiento, evasión y conformidad. Apaciguan porque destruyen la ansiedad. Permiten al sujeto evadirse porque bloquean los pensamientos que le quitan la paz y el sueño. Crean conformidad porque el usuario siente que todo le da igual, que el mundo y sus problemas no le afectan, y por eso no va a gastar ni un segundo en preocuparse por ellos. Si a esto unimos su bajo coste, no es extraño que sean tan frecuentemente prescritas en las consultas médicas y tan bien aceptadas por todos.
Deberían utilizarse sólo durante cortos períodos de tiempo y cuando resulten totalmente necesarias, o nos arriesgaremos a perder gran parte de nuestra sensibilidad emocional, de nuestras facultades perceptivas e intelectuales, a dañar nusetro hígado y a tener dependencia de por vida -sólo superable tras mucho esfuerzo y semanas de sufrimiento, debido a la crisis de abstinencia-. Si alguien piensa usarlas para un examen o prueba creyendo que va a lograr estar más tranquilo y relajado, comete un grave error, porque sus capacidades esetarán claramente mermadas, lo cuál le llevará a rendir por debajo de lo normal.

JUAN CARLOS RUIZ FRANCO, Drogas Inteligentes

Tranquilizantes y estimulantes

Establecer una clasificación de un tipo de sustancias tan amplio y heterogéneo basándose en sus efectos es tarea complicada, sobre todo porque, aunque solemos referirnos a una droga mencionando sus propiedades tranquilizantes o estimulantes, la realidad es que muchas de ellas se caracterizan, no por tranquilizar o estimular, sino por estabilizar el ánimo. Si el consumidor, antes de su administración, se sentía deprimido, la droga le lleva al equilibrio estimulándole; si por el contrario padece de ansiedad o nerviosismo, el mismo producto le equilibrará tranquilizándole.
Ese querer clasificar algo como estimulante o tranquilizante, como bueno o malo, como blanco o negro, es sólo una muestra más del maniqueísmo de nuestra cultura, y no es aplicable a la materia que nos ocupa, como tampoco a muchas situaciones de la vida cotidiana. La división tranquilizante/estimulante es artificial y responde a un intento de categorizar y atrapar estados neurológicos/psíquicos -vitales, en suma- mediante términos médicos o lingüísticos. La naturaleza, el mundo y la vida son más grandes que nuestros cerebros, los cuales son parte de aquéllos, y no al revés. La realidad estaba ahí mucho antes de que hubiera seres humanos en la Tierra, y el intento de aprehenderla y explicarla es algo comprensible y quizá necesario, pero una ilusión en el fondo, si bien es cierto que permite avanzar a la ciencia y al conocimiento en general.
Lo que en realidad existen son desequilibrios, que conllevan una serie muy amplia de síntomas, los cuales, aunque sean opuestos, son caras de la misma moneda y efectos que surgen de una misma causa. Lo mismo puede decirse de la sustancia que se toma para solucionar el mal: de lo que se trata es de estabilizar el ánimo, hacer que el paciente produzca la cantidad de neurotransmisores adecuada, regular sus funciones, y esa estabilización puede ser considerada -en términos médicos y lingüísticos- activación o apaciguamiento, dependiendo de los síntomas que se padecían. Por ejemplo, el hipérico deficílmente podrá catalogarse como tranquilizante o como estimulante: su efecto consiste en reducir la degradación de neurotransmisores. Si la persona que lo toma estaba deprimida, entonces con su uso se sentirá con más ánimo; si quien lo toma se encontraba ansioso, conseguirá tranquilizarse.

JUAN CARLOS RUIZ FRANCO, de la introducción al Vademécum de Drogas Inteligentes (del libro Drogas Inteligentes, ed. Paidotribo).

What about me? por Sakyong Mipham

What about me?
That’s my first thought every morning.
……What happened to me?
It’s the last thought every night.
Has this gotten me anywhere?
Any more friends? Any more love? Any more joy?
It should. It should have, by now.
In fact, by now I should be a bundle of joy.
Because I say this mantra every day.

What about me? What about me? What about..

In fact, it’s embarassing
I say this mantra all day long.
Like the beating of my heart: What about me?

What about me? What about me? What about..

When I take a shower, I think: “what about me?”
I hope this shower makes me feel happy.
I hope this kiss makes me feel happy.
I hope this lunch makes me happy.
I hope these clothes make me feel happy.
I hope this donut, this cup of coffee,
This new affair, this new job…

What about me? What about me?
What about me? What about me?
What about me?

This new spiritual practice,
This new movie, this new CD
Oh, this new CD will make me happy…

What about me? That’s my first thought every morning.
What about me?
What happens to me? It’s my last thought every night.
Has this gotten me any more love? Any more joy?

This new city. This new country.
This new planet. This new universe makes me happy.

You know what? None of it would make you happy
Unless you do one simple thing:
Change “me” for “you.”
Change “me” for “you.”

Just wake up in the morning, and try something wild.
Just wake up, and not “me.”
Instead, say “you, be happy.”
May you be happy.
May you be happy.

What about you?
That’s my first thought every morning.
What happens to you? It’s my last thought every night.
It has given me so much more love. So much more joy.

When I give you a big fat kiss, take a shower,
Make my bed, when I dance,
May make you happy.
When I give you the remote control
May make you happy.
When I sit on a park bench by myself,
When I feel the sun, the breeze,
May make you happy.
When I just look at you, and stare at your eyes.
May make you happy.

And you know what?
When you’re happy, I’m happy.
That’s the formula:
First you, then me.
That’s all happiness is.
It’s just the heart being free.

(hay también un video)